El títere de manipulación directa y tamaño natural es el elemento narrativo básico, al que le dan vida un actor y una actriz con formación de danza, que encarna a la Princesa en uno de los momentos más brillantes de la obra.
Los textos son interpretados por un actor, lo que unido al uso de Títeres, nos remite al Bunraku japonés en el que los actores-manipuladores permanecen mudos, delegando todo el texto en un actor y la música a un grupo de instrumentistas. La acción dramática adquiere una fuerza y un ritmo trepidante.